Poesía y vino

Poesía y vino

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¡Pero cuánto nos gusta la literatura! Y si es dedicada al vino, mejor. Los griegos y los romanos antiguos ya le ofrecieron al vino gran parte de su historia y también de su literatura.

Vamos con una selección de tres poemas de autores celebérrimos de la historia literaria. Autores, que no dejaron pasar el encanto del mundo de la vid y lo adaptaron a su obra. ¡Que viva el vino!

 

Ruben Darío

Cuando la vio pasar el pobre mozo
y oyó que le dijeron: “¡Es tu amada!…”
lanzó una carcajada,
pidió una copa y se bajó el embozo.

“¡Que improvise el poeta!”
Y habló luego
del amor, del placer, de su destino…

Y al aplaudirle la embriagada tropa,
se le rodó una lágrima de fuego,
que fue a caer al vaso cristalino.

Después, tomó su copa
¡y se bebió la lágrima y el vino!

El vino une

El vino une

 

María Ester Funes

Abre tus ojos Mendoza,
despierta que es Vendimia.

El sol ya quemó las Vides,
las uvas preñadas de Sabor
parieron el vino nuevo.

El aire se embriaga de Tonadas,
mientras que el duende
del agua anda gambeteando
entre los surcos

¡Despierta que es Vendimia!

 

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Alberto Ángel Montoya

Para buscar el alma de los vinos
no me basta mi cáliz cincelado.

Quiero altas copas de cristal tallado
que imiten largos cuerpos femeninos.

Copas en cuyos bordes cristalinos
el vino fuera un beso prolongado,
ya que en todas las bocas que he besado
los besos fueron capitosos vinos.

Unas en cuya euritmia transparente,
nuestros ávidos ojos evocaran
giros de amor en cuerpos de serpiente.

Otras castas cual núbiles doncellas,
y tan frágiles, ay, que se quebraran
en nuestras manos al beber en ellas.

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