Viñas

Florecer

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Las cepas en esta época ya están florecidas. Los pequeños racimos y sus minúsculos frutos van asomándose al sol, mientras que las hojas de parra protegen a las incipientes uvas. Empieza lo bueno.

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El cielo azul manchego se sitúa como testigo privilegiado de este gran momento. En la viña de mi abuelo 800 vides son suficientes para mantener su memoria y legado. Aunque, mi padre se plantea ocupar con nuevas cepas las “marras”(lugares en los que no hay cepas) para tener la viña más completita. Esperemos que este año la climatología se porte y las uvas den buen grado.

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– Papá ¿cuántos kilos puede dar una viña como ésta?

– Pues hija, unos 6.000 más o menos

Quien esté poco familiarizado con este mundo normalmente se sorprendería con las cantidades astronómicas de kilos que se mueven. Pero sí, 6.000 kg de uva en la recogida de una viña no son números tan descabellados. Quien da de comer a su familia solo con la vid, maneja muchos más kilos. De ahí lo sacrificado de este oficio.

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Dejamos que la viña del abuelo descanse y que a fuego lento, como las buenas cosas, dé sus frutos. Hasta la próxima y, ¡que viva el vino!

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Poesía y vino

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¡Pero cuánto nos gusta la literatura! Y si es dedicada al vino, mejor. Los griegos y los romanos antiguos ya le ofrecieron al vino gran parte de su historia y también de su literatura.

Vamos con una selección de tres poemas de autores celebérrimos de la historia literaria. Autores, que no dejaron pasar el encanto del mundo de la vid y lo adaptaron a su obra. ¡Que viva el vino!

 

Ruben Darío

Cuando la vio pasar el pobre mozo
y oyó que le dijeron: “¡Es tu amada!…”
lanzó una carcajada,
pidió una copa y se bajó el embozo.

“¡Que improvise el poeta!”
Y habló luego
del amor, del placer, de su destino…

Y al aplaudirle la embriagada tropa,
se le rodó una lágrima de fuego,
que fue a caer al vaso cristalino.

Después, tomó su copa
¡y se bebió la lágrima y el vino!

El vino une

El vino une

 

María Ester Funes

Abre tus ojos Mendoza,
despierta que es Vendimia.

El sol ya quemó las Vides,
las uvas preñadas de Sabor
parieron el vino nuevo.

El aire se embriaga de Tonadas,
mientras que el duende
del agua anda gambeteando
entre los surcos

¡Despierta que es Vendimia!

 

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Alberto Ángel Montoya

Para buscar el alma de los vinos
no me basta mi cáliz cincelado.

Quiero altas copas de cristal tallado
que imiten largos cuerpos femeninos.

Copas en cuyos bordes cristalinos
el vino fuera un beso prolongado,
ya que en todas las bocas que he besado
los besos fueron capitosos vinos.

Unas en cuya euritmia transparente,
nuestros ávidos ojos evocaran
giros de amor en cuerpos de serpiente.

Otras castas cual núbiles doncellas,
y tan frágiles, ay, que se quebraran
en nuestras manos al beber en ellas.

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López Torres y su conexión con la tierra

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Antonio López Torres, ese es su nombre. Tomellosero hasta la médula, le encantaba su tierra y como bien dice la empleada del museo que lleva su nombre, “se escapaba a Tomelloso cuando podía”. Fue un pintor poco reconocido en vida, algunos le acusaban de ser un “paleto”, porque creían que nunca salió de Tomelloso. Nada más lejos de la realidad. Hizo exposiciones alrededor del mundo, algunas con su sobrino, uno de los pintores actuales más importantes del mundo, Antonio López García. Este ha contado muchas veces que fue su abuelo el que lo inició en el mundo de la pintura, su maestro. Quizás fuera porque López Torres nunca tuvo descendencia.

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Vincular a Antonio López Torres con el vino no es tarea complicada. Solo nos hizo falta visitar el museo que lleva su nombre y que se encuentra en Tomelloso. El museo Antonio López Torres es gratuito y alberga más de un centenar de obras suyas, entre dibujos y lienzos, por expreso deseo del pintor. Él nunca comerció con sus obras, vivía de su trabajo como profesor de arte y quiso donarlas en su totalidad a la tierra que lo vio nacer.

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La visita empieza con la multitud de dibujos que el pintor realizó a lo largo de su vida sobre el campo manchego. Las viñas, las cepas, las casas de campo y los bombos centran la atención de estas obras. Los paisajes son los protagonistas en la mayoría de su producción, los cuales nunca dejó de pintar y dibujar, aunque también se decantó por retratos y algunas pinturas de interiores.

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Podador manchego, 1946
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La cueva, 1924

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Con óleo y tabla lograba lo que muchos nunca han conseguido, captar el espacio y el ambiente. Con los colores transmitía sensaciones como la aridez y el calor de la tierra manchega e inmortalizaba tradiciones y labores del campo cotidianas, como pueden ser la vendimia o un simple almuerzo de jornaleros. Las fotografías anteriores bien reflejan el gusto de López Torres por retratar la cotidianidad del mundo vinícola, como se aprecia en Podador manchego de 1946 y La cueva de 1924.

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Terminamos la visita leyendo alguna de las pocas declaraciones que López Torres ofreció a los medios antes de su muerte. Hablaba de la naturaleza, de la tierra, de sus sonidos y sus emociones, de cómo estaba ligado a ella. Como una cepa, que se agarra y abraza fuerte al terreno, así era este maravilloso pintor. Tímido e introvertido, sí, pero con una conexión especial con la tierra que le vio nacer.

La viña del abuelo

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Me cuenta mi padre que va a replantar más cepas, porque la viña tiene algunas “calvas” y que su tiempo le ha llevado arar la tierra. La viña del abuelo es una viña chiquitita y descuadrada, consecuencia de los avances del hombre. No está recta porque le prestó un “cachito” a la más que útil “Autovía de los viñedos”: “ya no me acuerdo de cuánto pagaron al abuelo, pero tuvimos que ir a Madrid y todo”, me cuenta mi padre.

Mi padre es de esas personas que no conciben la vida sin el campo, será porque desde los trece o catorce años no ha hecho nada más que trabajar en él. Trabajaba en el campo, pero siempre para otros, para los “señoritos”. De joven fue tractorista, aunque también repartía su tiempo yéndose con el abuelo de semana: “partíamos la semana y hasta el miércoles íbamos y veníamos de trabajar a descansar al pueblo. Luego hasta el final de semana, nos quedábamos durmiendo allí, en el campo”, dice.

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En las casas de campo, la gente se llevaba su “saca”(especie de colchón hecho de lana o paja), “cada uno la suya, hombre” dice mi padre. Hacían noche allí, aunque en la época de mi abuelo era mucho más duro. Me cuenta mi padre, que mi abuelo podía irse de semana, pero también para dos semanas y que dormían las mulas por un lado y los jornaleros por otro, eso sí, todos en la misma habitación. Eso es economizar y lo demás tonterías.

Me dice que, cuando empezaron a sustituirse las mulas por unos todavía rudimentarios tractores, los más viejos creían que se les venía la ruina. Pero no, nunca dejaron de trabajar. Pese al trabajo de toda una vida, mi abuelo solo llegó a ser propietario de casi una fanega y media. ¡Y para colmo pasó la Autovía recortándole un trozo de viña!

Ahora mi padre me da ideas para hacer algunos planos y posa orgulloso con sus aperos. Sus manos curtidas dan una idea de lo trabajador que es. Se siente orgulloso del “cachito” de tierra que llegó a disfrutar su padre y de que ahora yo le haga un pequeño homenaje. Pequeño pero no por eso menos valioso, como la viña del abuelo.

 

 

 

La vida en vino

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Hola a tod@s. Bienvenidos a un rinconcito de mi mundo. Mi nombre es Maria José y nací en el corazón de La Mancha. Mis padres, mis abuelos y toda mi familia procedemos de una cuidad llamada Tomelloso. El centro de la vida de los tomelloseros, de la de mi familia y de la mía siempre ha sido el vino. Tenemos la Cooperativa vitivinícola más grande de Europa y la segunda del Mundo. Es difícil encontrarte aquí a alguien que no sepa lo que es un racimo. Hasta nuestra patrona, la Santísima Virgen de las Viñas lleva a la vid colgada de su nombre.

Aquí, cuando es vendimia el pueblo se paraliza. Todo el mundo está pendiente de cómo se desarrollan los acontecimientos y cada uno de nosotros nos volvemos “un poquito” expertos en el tema. Yo no soy experta en vino, ni mucho menos. Pero en mi casa nunca ha faltado una botella y eso, quieras o no, te marca.

Este blog lo abro con el objetivo de rendir tributo a mi tierra y a los hombres y mujeres valientes que levantaron de ella un fruto milenario. A todos los que han luchado por que se reconozca la D. O. La Mancha y a los que con sus propias manos han hecho que Tomelloso sea hoy una de las ciudades más importantes para el sector vitivinícola mundial. Y por supuesto, este blog va dirigido a mi abuelo, agricultor y trabajador incansable y a ese pedacito de viña que consiguió con el esfuerzo de toda una vida.